Los amigos de Mar dicen…

Irene Villa; María Luz Sagasti; Álvaro de la Madrid; Rosario Benítez; Beatriz del Valle; Mamen Sánchez; Ana Guadán; Mariana Morales; María Franco; Ana Melgar; Juan del Alcázar; Mariano Torrente; Mercedes Barrio; Fernando Torrente;

Irene Villa

¿Cómo, cuándo y dónde conociste a Mar? 
Conocí a Mar el mismo día que ambas tuvimos la oportunidad de saludar y compartir una inolvidable y edificante jornada junto a Kyle Maynard, en el primer congreso de Lo Que De Verdad Importa, allá por el año 2007. Había gente muy inspiradora en aquel congreso, pero yo me quedé con la mirada y las palabras de Mar. Me pareció tan llena de energía y se nos quedó tanto por hablar que en cuanto tuve la ocasión fui a su casa a compartir y conocer más de una mujer (por entonces casi una niña) con tanto que ofrecer al mundo.

Una anécdota junto a Mar 
Nos encanta ir al cine y a musicales juntas. Somos admiradoras de la buena música. De hecho, Mar es mi proveedora de las mejores canciones, y escuchándolas la tengo presente aunque estemos lejos. ¡¡Siempre aluciné con su capacidad de detectar antes que nadie las canciones que se convertirán en números 1!! Fuimos juntas a ver un musical.

Un momento divertido
¡Siempre que quedo con Mar no podemos parar de reír! Así que todos los momentos junto a ella son divertidos.
Cuando nos hemos juntado en su casa o hemos ido a cenar por ahí con otros amigos comunes de Murcia (que en cuanto la conocieron quisieron también hacerse amigos de Mar), hemos vivido también momentos inolvidables. Recuerdo un día en que uno de ellos, el cantante Alex Seoane, se lanzó a cantar una canción que nos identifica muchísimo a ambas: Seguiré. Fue muy emocionante.

Buscadla en internet porque escuchar esa canción significa llenarte de fuerza y energía positiva, ¡¡¡y ese fue el momento más mágico, divertido y energizante que vivimos juntas!!!

¿De qué manera Mar ha influido en tu vida? 
Mar ha influido muchísimo en mí. He recibido de ella desde los mejores consejos al mejor hombro para desahogar cualquier pena que, bajo su prisma, ¡eran solo circunstancias a resolver o decisiones que tomar!


María Luz Sagasti

¿Cómo y dónde conociste a Mar?
Creo que han pasado veinticuatro años, fue en mi primer año de peregrinación a Lourdes en 1994. Conocí a Marimar a Toni y a Miguel Ángel. Era una niña muy bonita, dulce y caminaba un poco. El recuerdo que tengo de ella es el de una niña encantadora y con «ángel», después vinieron muchos más años en los que empezó a crecer, a madurar, a soñar y a luchar, y donde se forjó la Mar de ahora, a base de amigos, oración, sueños y sobre todo mucha, muchísima voluntad.

Una anécdota junto a Mar
Son tantísimas… Aparte de Lourdes, que eran unos días intensísimos, llenos de amor, confidencias, las maravillosas misas de Don Casto y momentos divertidos, empezaron los viajes de verano, donde compartíamos todo con ellos, «nuestros niños», y ahí se cultivó el cariño que hace que formen parte de nuestras vidas. ¿Anécdotas con Mar? Los bailes de los primeros años en hoteles y discotecas, cuando mi hijo se subía encima de la silla de Mar y bailaban muchas canciones, Javi tenía dos años más que Mar, y siempre se quisieron mucho. Mar daba vueltas con su silla y no se cansaba de bailar, tengo miles de anécdotas, pero contaré la de la silla que empezó a pitar, en una playa, en uno de los viajes de verano, porque se calentó el motor, y nos asustamos todos menos ella, que decía que había tiempo para cambiar las baterías, y Jaime fue corriendo, pero corriendo de verdad al hotel… Mar ya tenía la tráqueo y respiraba con la máquina… y demostraba siempre que tenía una confianza grande en la providencia, porque si no, no se explica su actitud ante la vida.

Momentos divertidos
Cientos de ellos, desde los que pasamos en Terra Mítica, montándose en todo, sin ningún miedo; lanzadera y mojaduras de agua en las balsas, hasta montada en los camellos en Lanzarote, paseos en barco, baños en el mar, el viaje en El Grove en las mejilloneras, con vinito, cantos y bailes, o la montada en el catamarán con la rampa inclinadísima por la marea, donde doblamos una farola para sujetar las cuerdas. Nunca he visto a Mar asustada. El resto de los cientos de anécdotas, se quedan en nuestro corazón, porque es imposible contarlas ahora.

¿De qué manera ha influido Mar en mi vida?
Mar ha formado parte de mi vida, desde que la conocí, han sido veinticuatro años, tengo hijos, nietos, amigos, familia, y «mis niños de silla». Ellos son de lo mejor que me ha pasado en mi vida.

Ahora, hablando de Mar, he visto su evolución y ha sido asombrosa y brutal, ha crecido ante las dificultades, siempre fue serena, tenaz y voluntariosa. Pero lo mejor de Mar es su actitud ante la vida. Decidió hace tiempo luchar por sus sueños, me impactó en el hospital cuando decidió que quería vivir conectada a la máquina, la he visto llorar, la he visto perdonar, la he visto hacer planes, preocuparse por los demás. Pero lo mejor de Mar son sus ganas de vivir. Mar sería para cualquier persona deprimida, o que está pasando por malos momentos, el bálsamo que todo lo cura; debería de poner un consultorio sentimental, animaría al más angustiado.

Mar ha sido un tesoro en mi vida. Y tengo que decir que eso ha sido gracias también a la familia que tiene; padres y hermanos, y a que supo encontrar los caminos que llevan a la verdad, Lourdes, amigos, esperanza y fe.


Álvaro de la Madrid

¿Cómo, cuándo y dónde conociste a Mar?
A Marimar la conocí en persona en mi peregrinación a Lourdes en 2008, pero realmente ya la conocía de antes, ya que ella formaba parte muy activa de nuestra familia. Mi madre y mis hermanos, que tuvieron el placer de conocerla antes que yo, ya me hablaban de aquella peculiar individua que era capaz de mover cielo y tierra desde su silla. En nuestro cajón de DVD había uno en particular llamado Mar afuera en una caja azul con una foto enmarcada en rojo de una chavala muy simpática con gafas, que resultaba que era mi ahora querida «Marimoncho». Sí, admitiré que como el resto de DVD de ese cajón que nos regalaban con el periódico o promociones o vete tú saber, este tampoco me lo vi.

Pero no hizo falta, fue mucho mejor ver la versión original de semejante personaje unos años más tarde en Lourdes. Allí, a la edad de dieciocho años conocí a la susodicha, que sin control alguno de su silla iba atropellando a todo aquel que ella consideraba que debía ser atropellado y que con una gran sonrisa enseguida me acogió en su círculo cercano de amigos. Por supuesto, a la par que con mis hermanos, la pobre se llevó los correspondientes vaciles marca de la casa e hicimos muy buenas migas entre bailes, disfraces, rallys por el hospital, cánticos, etc. Así, hace más de diez años, comenzó una bonita amistad entre nosotros que nos ha llevado a reír y compartir muchos momentos inolvidables juntos.

Una anécdota junto a Mar
La verdad es que tengo la suerte de contar con innumerables anécdotas junto a Marimar. Hemos compartido muchos momentos desde que nos conocimos en Lourdes, y con orgullo puedo decir, que la mayoría de ellos fuera de esa gran peregrinación. Aunque su inglés se le sigue resistiendo, fuimos juntos cuando acabamos nuestras carreras a un taller en el que nos ayudaban a crear nuestro currículo y nos asesoraban a potenciar nuestra presencia en entrevistas. Y ella, allí que se lanzó con el inglés como si supiese… Yes, yes, hello hello!

Aparte, es la única tía que ha conseguido llevarme a un «museo del traje» tratando de culturizarme un poco, lo dicho, fue un intento. Ha venido a verme a más partidos de hockey que mi propia madre… es decir, uno XD, nos hemos puesto ciegos a chuches en el cine viendo 2 fast 2 furious, gordos en el McDonalds o en Bilbao a pintxos.

Si tengo que escoger una anécdota de las mil que tengo en mi cabeza diría que fue en Bilbao, cuando me vino a ver por sorpresa. Marimar, con sus dos estupendas asistentes, me vino a ver a Bilbao mientras yo trabajaba allí durante un mes y medio. Su primer viaje largo de Madrid tras la operación, todo un reto. La tía pilló una habitación en mi hotel, así que no había escapatoria…

Lo que no se esperaba es que yo también decidí sorprenderla gracias a una gran persona, Jesús de Catering Bokado que nos invitó a ver un partido de fútbol de la Real Sociedad en San Sebastían. Por supuesto, mi querida Marimar de fútbol, lo mismo que de inglés, Yes, yes, hello, hello! Pero claro, movió a todos para ver la sala de prensa, hacerse foto con los jugadores a pie de campo, tomarse unos perritos calientes en la previa del partido, etc.

Pero ni corta ni perezosa, en el descanso me viene y me pregunta: «Oye, ¿quién es el señor ese que me mira tanto y me ha saludado tan simpático?». Y yo, con algo de malaje, le dije que no lo sabía, que por qué no se lo preguntaba ella directamente a él. Y por supuesto, así lo hizo. Acabó el partido y atropellando a la gente y haciéndose espacio con su cuatro ruedas, se fue directamente a él y le preguntó: «Oye perdona, ¿quién eres?». A lo que él contestó: «Hola, yo soy el presidente de la Real Sociedad» (el que nos había invitado al palco de honor del estadio) y ella contestó muy digna y con mucho descaro: «¡Ah, pues… yo soy Marimar, mucho gusto!» Y la verdad que fue un momento muy divertido ya que después, él mismo, había preparado un regalo para nosotros y le presentó a uno de los cantantes de la Oreja de Van Gogh, etc. Pero vamos, se podría decir que fue un típico «momento Marimar» y una de las muchas anécdotas las cuales guardo y guardaré siempre con muy buen recuerdo.

Un momento divertido
Gracias a Dios puedo decir que cada vez que he estado con Marimar o he hecho algo con ella ha sido divertido. Nuestra máxima ha sido siempre la diversión y el cachondeo. Cada vez que hemos hecho algo juntos no había lugar para la tristeza ni la nostalgia. Alguna intentona siempre había por parte de Marimar de llevarme al lado oscuro contándome alguna de sus penurias, pero nunca le hemos dedicado más de dos minutos, porque sabíamos que el tiempo para vernos era limitado y que siempre mola más ir montado en el «divertijeep» que en el «aburricoche». Y si tocaba llorar, que fuera de risa.

Si tengo que escoger un momento divertido para el recuerdo de los mil que tengo en mi cabeza, diría que fue aquella maravillosa noche en Lourdes, donde decidimos ir a visitar la gruta mis hermanos y yo con nuestra querida Marimar. Por supuesto, esto no estaba permitido, ya que de noche los enfermos deben permanecer en el hospital y no se les permite visitar la gruta o salir del recinto lo que, sin duda, tiene su lógica. Pero nosotros éramos entonces, y ahora también, algo rebeldes y laxos con el tema de las reglas, por lo que decidimos salir con Marimar a hurtadillas del hospital cubriéndola a ella y a su silla con mantas, como si de un carrito se tratase. Al más puro estilo E.T., íbamos los cuatro para que nadie la viese o descubriese. En el camino, algún que otro nos descubrió, ya que Mari tenía que sacar el hocico de vez en cuando para respirar, pero, o se hacía el «longuis», o no se atrevía a decir nada intimidado por los tres mosqueteros De la Madrid que la acompañábamos.

Por fin lo logramos. Llegamos a la gruta donde varias personas, en absoluto silencio, se encontraban allí rezando y visitando a la virgen. Pasamos por la gruta los tres hermanos, y la última en hacerlo fue de encubierto nuestra querida Marimar, pero pronto destaparía su tapadera. Y te preguntarás: Y ¿cómo lo hizo? Pues de la manera más sutil y poco aparatosa del mundo… sin control ni dirección decidió ir a toda pastilla directa con su silla contra una de las macetas grandes que había en la gruta, haciendo un ruido atronador imposible de disimular… Y por supuesto, nosotros conscientes de que toda persona allí presente se había percatado de nuestra pequeña fechoría, fuimos a rescatarla.

Y ¿qué nos encontramos?
A una Marimar completamente descojonada diciéndonos que, entre tanta manta y sin ver bien por las gafas, había perdido el control de su silla… Y por supuesto, los cuatro allí, con todo el respeto posible a la Virgen y los allí presentes, nos partimos de risa juntos, y muy disimuladamente seguimos nuestro camino como si nada hubiese pasado. Un momento divertido e inolvidable que no pudo pasar en un sitio más memorable como es la gruta de Lourdes.

¿De qué manera Mar ha influido en tu vida?
A esta pregunta, aunque parezca raro, responderé más breve que a las otras, pues entre Marimoncho y yo queda lo que nos hemos influido el uno al otro y lo que espero que nos sigamos influyendo, bien a través de acciones o recuerdos.

Rayo de luz, de consciencia, de mantener los pies en la tierra, de esfuerzo, superación, insistencia, mucha insistencia… que el que la persigue la consigue sin importar el qué, el quién, el cuándo o el dónde. Ella se ha ocupado de llenar mi espacio vital del merchandising «Marimar», tazas, llaveros, marcos, mantas, calendarios, imanes… Marimar es para mí un motivo de alegría y una amiga a la que espero haber dado muchos momentos de entretenimiento y felicidad como ella me ha dado a mí.


Rosario Benítez

¿Cómo, cuándo y dónde conociste a Mar? 
Yo conocí a Mar cuando era muy pequeñita. Ella tendría catorce o quince meses de edad cuando empecé como pediatra de cabecera de la familia García Garrido, en el centro de salud Isfas de Cuatro Vientos.

Una anécdota y un momento divertido junto a Mar
Anécdotas y momentos divertidos… muchos.

Al principio, cuando llegaba a la consulta se escondía debajo de mi mesa, como si el hecho de esconderse le fuera a librar de la exploración.

Después nos fuimos haciendo amigas y ya no le daba miedo venir a la consulta, al revés: me traía CDs de música o me enseñaba a bajar aplicaciones para el móvil. Siempre activa y con iniciativas.

¿De qué manera Mar ha influido en tu vida?
Mar, junto a su admirable familia, han influido extraordinariamente en mí. Han sido un modelo durante todos estos años y me han aportado mucho como médico y como persona. He aprendido con ella que una enfermedad es una oportunidad para crecer y regalar mucho amor y alegría, a pesar del dolor y de las limitaciones. Su fuerza y sentido del humor siempre han estado por encima de las complicaciones que han ido surgiendo a lo largo de los años. Soy una fan incondicional.


Beatriz del Valle

¿Cómo, cuándo y dónde conociste a Mar? 
Pues siempre hemos bromeado juntas con el hecho de habernos conocido un 14 de febrero, día de los enamorados, ¡así que nuestra historia estaba predestinada a ser de amor! Yo estaba preparando unas oposiciones para enseñanza secundaria y, por pura casualidad, a través de la novia de un amigo, fui a parar a casa de Mar para darle unas cuantas clases particulares. Mar estaba terminando el instituto y se preparaba para la selectividad. Ese es el momento en que se cruza en mi vida este ciclón, tsunami, terremoto, erupción volcánica, alud. Así podría enumerar todos los fenómenos de la naturaleza más incontrolables y apabullantes que se conocen, porque eso es Mar, un auténtico desafío de la Naturaleza y una vez te topas con ella, ya no puedes escaparte ileso, ni te deja indiferente. Es una energía espectacular la que derrocha en cada cosa que toca. 

Una anécdota junto a Mar
Llevo semanas pensando en una anécdota que escoger y, al final, he llegado a una conclusión; es imposible. Elegir un momento sería discriminar los restantes y la verdad es que todo el tiempo juntas hubiera sido para escribir un libro (¡cuántas veces lo dijimos!). Nuestra relación fue durante diez años muy intensa, nos veíamos tres horas diarias prácticamente todos los días. Se estableció un vínculo profundo y precioso. Compartíamos todo, tanto lo bueno y lo malo, llegando a conocernos solo con mirarnos. Éramos profesora y alumna, pero obviamente, mucho más. Muchísimo más. Pero si tuviera que destacar algo por encima de todo sería su incansable capacidad de trabajo, su tenacidad, su ansia de vivirlo todo al máximo, de exprimir cada minuto del día. Daba igual estar con fiebre, dolores, sueño, cansancio, que Mar nunca se rendía. Quizá el episodio que más me ha marcado (de los miles vividos a su lado) fue el ingreso en que hubieron de practicarle la traqueostomía en el Gómez-Ulla, aquello fue otro desafío a la Ciencia. Los médicos daban ya todo por perdido… incluso recibió la Extrema Unción, pero Mar es mucha Mar y se equivocaban con ella una vez más. ¡De nuevo nos dio a todos una lección magistral de vida y de fortaleza!

Un momento divertido
¿Uno? ¡¡Un millón!! Porque hemos reído hasta llorar. Y eso que nuestro objetivo era estudiar y allí se iba a trabajar. Y vaya si lo hacíamos, porque si una era estricta, la otra lo era más. Pero pasarlo bien era inevitable, porque otra de las cualidades mágicas de Mar es su aguda inteligencia, capaz de verte por dentro como con una máquina de rayos X, unido a un sentido del humor bien afilado e ingenioso. Nuestros mejores momentos probablemente solo nos harían reír a ella y a mí (y a algún miembro de su hermosa familia también, pues guardarán recuerdos). Nuestros esquemas con diez colores fluorescentes y veinte mil flechas, las hojas que se volaban del atril cuando el ventilador giraba a máxima potencia para que Mar no sudara como un pollo con el forro de la silla, esas clases a puerta cerrada para que nadie nos interrumpiera cuando estábamos de exámenes y bastante desquiciadas, las pilas de la dichosa grabadora y cómo había que ponerla en pausa para pelearnos y que luego no nos escuchase medio mundo (porque grabábamos las lecciones y luego no tenía pudor de ponerlo en el coche, en el fisio, etc.), sus mil escondrijos para el chocolate en bolsos, bolsillos, cajas y cajones, y miles de confesiones muy divertidas (que tranquila, Mar) ¡me llevaré conmigo a la tumba!

¿De qué manera Mar ha influido en tu vida?
Siempre me acuerdo de esto al pensar en las las palabras de Toni, su padre, porque él siempre tenía muy claro que cruzarse con Mar te cambiaba la vida. Qué razón tenía. Aunque yo entonces era demasiado cría para entender esto en toda su dimensión. Mi sensación era que yo estaba enseñándole mucho a ella, pero era todo lo contrario, obviamente. Mar ha influido muchísimo en todo lo que soy hoy. En hacerme más fuerte, más empática, más sensible a otras realidades. En definitiva, en ser mejor persona. En saber valorar lo que tengo sin darlo por hecho, en saber minimizar lo que pierdo, pues aun así, sigo teniendo mucho. Tener cerca a Mar te hace ver la vida desde otra perspectiva mucho más amplia. Y con una gran sonrisa en la cara solo puedo pensar «¡Qué suerte tengo de haber pasado por su vida!». De Mar aprendí a ser solidaria y combativa, a no ser conformista ni apática, a mirar dentro de las personas y buscar su valor en lo que son y no en lo que parecen ser. Y aprendí que la Fe mueve montañas. Y aprendí, por encima de todas las cosas, que la dignidad solo se la puede quitar uno mismo. ¡Qué grande eres Mar!


Mamen Sánchez

Cómo cuándo y dónde conociste a Mar
Fue en Madrid, en la boda de Irene Villa y Juan Pablo Lauro, el 5 de junio de 2011, a la que las dos estábamos invitadas. Charlamos un rato y Mar me pareció una persona súper interesante. Entonces me habló de su ilusión de escribir un libro que pensaba titular Mar Afuera.

Una anécdota junto a Mar
Mar ya me había contado que los niños pequeños flipan al verla conducir su silla ultra moderna, pero tuve ocasión de comprobarlo en directo cuando fuimos al musical Billy Elliot. Una vez terminada la función, como Mar tenía prisa por ir a saludar a los actores, recorrió el hall a mil por hora y pasó por delante de un chiquillo. Este, con una enorme cara de sorpresa al ver la velocidad a la que se movía la silla, se la quedó mirando boquiabierto. Como lo vi tan alucinado, le conté que Mar manejaba el bólido con la barbilla y le acompañé hasta donde estaba ella, para que pudiera verlo de cerca. Mar le hizo una demostración fabulosa y luego le dio un chupa-chups. Estoy segura de que le impresionó más la silla de Mar que la obra de teatro. En el patio del colegio, probablemente les habló a sus amigos del invento. Si le creyeron, dad por hecho que habrán pedido una silla igual a los reyes magos.

Un momento divertido
Una vez nos encontramos con una puerta que EVIDENTEMENTE era demasiado estrecha para la silla de Mar. Pero ¿Creéis que eso la detuvo? Pues no señor. Ella se lanzó como una loca y la atravesó milagrosamente, haciendo un ruido de narices, con tanta fuerza que casi se lleva el marco por delante. Entonces se metió en el ascensor que EVIDENTEMENTE, también era demasiado pequeño. Logró encajonarse dentro, pero para poder llamar al piso, Ana y yo tuvimos que hacer algo parecido al pino puente. Al final creo que le dimos al botón con la uña del dedo gordo del pie.

De qué manera Mar ha influido en tu vida
Mar es una persona sabia. Ella me ha cambiado muchas veces la perspectiva. Tiene un imán para la buena gente. Me ha presentado personas maravillosas. Me ha enseñado a esperar siempre lo mejor. Tiene también un detector que le dice cuándo alguien la necesita y el don de encontrar la palabra adecuada.

A diario, en mil situaciones, pienso en qué diría, qué haría o qué pensaría ella. Intento parecerme más a Mar.


Ana Guadán

¿Cómo, cuándo y dónde conociste a Mar?
Hace unos quince años, yo trabajaba en el Centro Bobath como fisioterapeuta y empezaba a tratar niños por la tarde; allí conocí a Marimar. En esa época ella tenía dieciocho años y acababa de empezar Periodismo.

La primera vez que la vi con su sonrisa en la boca, sus ganas de agradar y sus esfuerzos por mantener la poca movilidad que le quedaba, me di cuenta de que era una luchadora y que no iba a pasar desapercibida en su camino. Me contaba las odiseas que tenía que hacer para poder ir a la universidad, la falta de adaptaciones, el necesitar a alguien que la acompañara, la angustia de los exámenes y sus horas de estudio. Durante la rehabilitación estaba agotada y se esforzaba como la que más.

A día de hoy, veo cuántas cosas nos enseñas sin darte cuenta. Cada gesto, cada paso que das, son un aprendizaje en sí mismos.

Una anécdota junto a Mar
Anécdotas tengo muchas, pero, si tengo que elegir, me quedo con las risas, las siestas mientras hacíamos fisio, tus consejos, la música para ambientar la rehabilitación, tus chuches en el bolso como Mary Poppins y nuestras charlas sobre la vida.

Un momento divertido
Es difícil no reírte con Marimar, incluso algo triste lo convierte en cómico ¡¡¡para no perder sabor a la vida!!!

Sabes dar la importancia que tiene a cada cosa.

Me acuerdo cuando te quedabas en Bobath sentada en el puf cual Mamá Noél ¡¡con todas esas chuches que repartías a los niños que venían a rehabilitación!! Lo que disfrutabas tú y los niños. ¡¡¡Te pierden los dulces!!!

¿De qué manera Mar ha influido en tu vida?
Marimar forma parte de mi vida. ¡Prácticamente la veo todos los días! Sin darse cuenta ha influido tanto en mí que la pongo de ejemplo para todo y me ha enseñado a relativizar las cosas y ¡a confiar! Muy pocas personas pueden tener el carácter que tiene siendo dependiente de un tercero, y teniendo los dolores que tiene. Ejemplo de superación, de aguante, de compañerismo, siempre pensando y agradando a los demás. «Marimar solo hay una».


Mariana Morales

¿Cómo, cuándo y dónde conociste a Mar?
Ummmmm… Mari, Mari, la verdad es que exactamente no me acuerdo. No creo que fuera en Lourdes. Creo que fue antes de que yo empezara a ir a Lourdes. En tu casa o en la mía (jaja) Hace por lo menos diecinueve o veinte años. Lo que sí recuerdo es que hubo una conexión desde el principio. Conectamos.

Una anécdota junto a Mar
¡¡Pufff!! Anécdotas, mil y una. Y todas locas y divertidas. Casi veinte años dan para mucho, aunque yo haya estado varios viviendo fuera. El día que no nos apetecía ir a la uni y decidimos, sobre la marcha, hacer pellas e irnos a comer a Soria, que no lo conocíamos ninguna de las dos. Ida y vuelta en el día, con el disco de La oreja de Van Gogh a todo trapo en la fragoneta; la misma música que exasperó al bueno de Pablete. «Estoy hasta los huevos de esta música, Mari Mar», soltó, «No puedo más» en el viaje que hicimos a La Coruña, rollo Pequeña miss Sunshine, ¡jajaja! La salida del concierto de Ismael Serrano en el que yo me había dejado la voz gritándole «Quiero un hijo tuyo», cuando nos lo encontramos en el paso de cebra, él iba en coche y se bajó, nos dio besos y nos firmó autógrafos y solo hablabas tú porque yo me quedé sin palabras… Más de viajes… París y nuestra escapada a media noche a ver la Torre Eiffel iluminada… París y cómo arrasamos con todos los estantes del monoprix… París y la cena de etiqueta en el Ritz, en la que acabamos echando el cordero que se nos atravesó en unas copas lujosísimas que guardé debajo de la mesa (jajajaja). Y de las últimas, la locura del viaje a Bilbao en febrero del 17. El tranvía, la salida con los italianos amigos de tu amigo, el partido en el palco presidencial de la Real Sociedad. Surrealista todo… Y podría seguir… ¡¡Y todo lo que nos queda!! 

Un momento divertido 
¡¡¡Tantos!!! La Mari es divertida, la verdad, porque tiene mucho morro y está por encima de todo y de todos. Todas las anécdotas de arriba han sido divertidisimas, pero creo que de las últimas más divertidas fueron en ese viaje a Bilbao de hace dos años. Fue un finde surrealista y divertidísimo. Gracias por contar conmigo para ejecutar tus locuras. Y… hasta que el body reviente. ¡A seguir dándolo todo!

¿De qué manera Mar ha influido en tu vida?
Mi Mari transforma la vida de quien se le acerca, aunque no lo quieras. Te sitúa y recoloca hacia lo que de verdad importa. 

Mari Mar es la persona con más ganas de vivir y más energía (es agotadora) que conozco. Objetivamente tiene demasiadas barreras físicas, tantas que una en su situación, hace rato, que se hubiese abandonado al dolce far niente y ciao. Pero la Mari contrarresta todas esas barreras físicas y visibles con unas inmensas alas que no puede parar de aletear. Todo lo puede. Todo lo quiere. Hace que todo esté a su alcance. Es increíble, de verdad… Hasta límites muy locos. Siempre quiere más. Salir más, tener más amigos, viajar más, estar mona, fotos y más fotos. La última peli, el último disco. Carrera, idiomas… ¡¡ay!! Por eso digo que te «recoloca»… e invariablemente, inevitablemente, no puedes sino creer que tú también tienes alas que te llevarán a donde quieras, a lo que quieras.

La Mari también es la persona más detallista que conozco. No se le escapa un cumple, cuida a su gente muchísimo. Escucha y entiende. Mari es amiga. Y una de las buenas. Te espera con el chocolate que te gusta, con el disco de tu cantante favorito… La Mari es mucha Mari. Explosiva. ¡¡¡La genia de la lámpara!!! Yo hace mucho tiempo que, en cierto modo, perdí el respeto a su enfermedad, a su silla y a todo el engranaje que la envuelve. Creo que tenemos una relación de igual a igual y es un lujo. Oxígeno para el alma.


María Franco

¿Cómo, cuándo y dónde conociste a Mar?
Mar vino como oyente a nuestro primer Congreso en Madrid en el año 2007. Su entusiasmo y su sonrisa nos cautivaron a todos. Desde entonces creo que no ha fallado a ningún congreso.

Una anécdota junto a Mar
Me acuerdo como si fuera hoy cuando fuimos a verla a la UVI en una ocasión en que su salud peligraba. Esperábamos encontrarla casi inconsciente y sedada y nada más lejos de la realidad. Ahí estaba ella, comunicándose como podía y dando órdenes a todos. En esa habitación se respiraba algo muy especial. No podría describirlo pero se notaba que había muchos ángeles cuidándola.

Un momento divertido
Hay miles. Solo hay que ver su cara de pícara cuando está maquinando algo. No entiende la vida sin sentido del humor. Me acuerdo cuando fui a verla a su casa con Marta Barroso. Marta no daba crédito. Todos en esa casa se reían de sí mismos y hacían chistes con cualquier dificultad.

¿De qué manera Mar ha influido en tu vida? 
Para mí es una inspiración. Solo quiero contagiarme de su fuerza, su ilusión, sus ganas de comerse el mundo. Tenerla cerca me ayuda a pensar que todo es posible. No hay nadie más observador y pendiente de todo, solo con un objetivo… Hacer felices a los que le rodean. Es un auténtico REGALO del Cielo.


Ana Melgar

¿Cómo, cuándo y dónde conociste a Mar? 
Conocí a Marimar en Lourdes allá por el año 2006; cada año, la Hospitalidad de Lourdes Madrid organiza un viaje a Lourdes con enfermos y allí nos juntamos más de mil personas entre enfermos, sacerdotes, hospitalarios, etc. Marimar y yo coincidimos en el «equipo rosa» de la Hospitalidad, también llamado «equipo de niños».

Al principio no tuve acceso a ella, ya que Marimar es de las personas más solicitadas de Lourdes, y todo el mundo quiere estar con ella, así que tiene la agenda más ocupada que un primer ministro. Yo la veía de lejos, siempre rodeada de gente y siempre sonriendo. Su sonrisa y sus grandes y expresivos ojos fueron lo que más me impresionó de ella. Reconozco que me daba hasta apuro mirar o acercarme. De hecho, creo que, ese primer año, nunca hablé con ella ni estuve cerca suyo, pero oía hablar tanto de ella a todos los hospitalarios que me quedé con la pena de no haberla conocido.

A lo largo del año, la Hospitalidad de Lourdes, siguiendo el lema «El espíritu de Lourdes sigue en Madrid», realiza actividades muy entretenidas para fomentar que todo lo que vivimos en Lourdes se ponga en práctica también en Madrid o donde estemos. Es por ello, que una de las quedadas que se organizaron fue ir a ver el Rastrillo de Nuevo Futuro, donde volví a coincidir con Marimar, y ya, por fin, me la presentó mi primo Eugenio. Desde ese día, ya nunca me he querido separar de ella. Transmite tanto, que estar cerca de Marimar es una necesidad, una medicina.

Una anécdota junto a Mar
Creo que tengo memoria de pez para poder recordar alguna anécdota concreta con Marimar, ya que podría tener cientos.

Recuerdo con muchísimo cariño la ilusión con la que celebra sus multitudinarios cumpleaños, en los salones de su parroquia, con un poder de convocatoria mayor que el de David Guetta. Ella siempre entra radiante de felicidad, rodeada de la gente que la quiere, y agradecida por cumplir un año más. Allí también hay que pedir la vez para poder acercarte a darle un beso. Los amigos de Mar se cuentan por cientos.

También me encanta ir a su casa y pasar una tarde de sábado o de domingo charlando y poniéndonos al día. Siempre está a la última en canciones nuevas, artistas, películas. No sé de dónde saca tiempo y ganas para empollarse tanta cosa.

Hace poco fuimos a un musical a la Gran Vía, y Marimar, como no es de extrañar, conocía, a través de no sé quién, al actor protagonista. Ella, ni corta ni perezosa, me dijo: «Ana, vamos a pedir al protagonista que venga a saludarnos». Yo me moría de vergüenza pero al final movimos Roma con Santiago y el chico vino, pero no solo salió el protagonista a saludarnos, también vino la actriz protagonista y otros muchos actores. De hecho, estaban los de seguridad del teatro ya enfadados porque tenían que cerrar y Marimar seguía saludando a sus seguidores. ¡Increíble!

Un momento divertido 
Lo maravilloso de estar con Marimar y necesitarla como una medicina es que todos los momentos con ella son divertidos. Es capaz de ver la vida, por dura que sea, con una amplia sonrisa y afrontando las adversidades con mucha valentía. 

¿De qué manera Mar ha influido en tu vida?
Para mí Marimar es un referente de vida en todos los aspectos. Me impresiona su sólida fe y su capacidad de estar agradecida por todo lo que vive y lo que siente. Jamás deja de hacer cosas por muy mal que se encuentre; si hay que ir al teatro, allí está la primera. Si hay que ir al Parque de Atracciones y tirarse desde la atracción más peligrosa, se tira. Si hay que viajar, viaja. Su silla y sus dolores no la frenan. Ella no deja de disfrutar todo lo que puede de la vida. Esa es su gran enseñanza. Ella no tiene límites y tiene una fortaleza mental y un equilibrio que para mí es un gran ejemplo.


Juan del Alcázar

¿Cómo, cuándo y dónde conociste a Mar?
Conocí a Marimar por la televisión, viendo de casualidad el programa de Mar Afuera que ella protagonizaba. Recuerdo que estaba estudiando y viendo la tele a la vez y el examen debió salirme mal, pues no pude dejar de ver el programa. Me quedé impresionado con la fortaleza y la entereza de Marimar a la hora de encarar la enfermedad. Desde el minuto uno del programa ya me dije a mí mismo que tenía que conocerla. Tuve la suerte de que en el propio programa, de repente, apareció Mariana Morales-Arce, que había sido amiga mía (lo seguía siendo aunque ya no nos viéramos), y la llamé inmediatamente para concertar el encuentro. No me fue nada fácil. Al más puro estilo de una artista de Hollywood, primero me mandó a través de Mariana un DVD con el programa grabado. ¡Solo faltaba el autógrafo! Pero de verme, nada.

Un par de meses después, me llamó Mariana, finalmente, para invitarme al cumpleaños de Marimar y para allá que fui. Le debí de caer bien, pues desde entonces nos llamamos y escribimos y nos vemos con frecuencia. Han pasado cerca de quince años. ¡¡Qué barbaridad!! 

Una anécdota junto a Mar
Para mí fue una gran alegría que Marimar nos acompañara en nuestra boda. Sabemos del esfuerzo que supone y ella no se lo pensó un momento. La verdad es que habría sido una ausencia importante, porque si hay un día que quieres estar con tus buenos amigos es ese. Lo pasamos de maravilla y Marimar no salió de la pista de baile, venga a bailar con la silla. Fue probablemente la que más bailó de la boda.

Un momento divertido 
Recuerdo el día del musical de los 40, cuando en el descanso Miguel se enamoró de una de las azafatas y no paraba de piropearla y prometerle amor eterno. Finalmente, acabó por pedirle matrimonio. Mar, lejos de tratar de parar la escena, aunque se hacía la escandalizada, estaba de lo más divertida e incluso animaba a Miguel a seguir con la historia. Los que conocéis a Marimar sabéis la cara que pone como mirando hacia arriba, pero partida de la risa por dentro.

¿De qué manera Mar ha influido en tu vida?
Mar es una persona llena de vitalidad. No conozco a nadie igual. Es impresionante cómo, incluso en los momentos en que ha estado más grave, ha luchado y mantenido la fuerza para seguir viviendo. Lo fantástico es que no solo aguanta las dificultades diarias y los dolores continuos, ¡sino que encima lo haga sonriendo, feliz y dando gracias! Es un ejemplo para todos que nos da fuerza para cargar nuestra propia cruz y a dar gracias por lo mucho que tenemos. Esto lo hace Marimar casi sin darse cuenta, tiene tan asumida la enfermedad que ni debe de pensar en ella, pero no sabe cuánto bien hace a los demás.

Vayamos ahora a lo que sí hace Marimar conscientemente. Porque es de esas personas que no te puede dejar indiferente. Tiene una memoria prodigiosa y una gran inteligencia. Te sorprende ver lo mucho que le cunde el día; clases de todo lo imaginable, escribir, conferencias, además de médicos y rehabilitaciones. ¡Es increíble! Sabe que ella es un ejemplo con su constancia y no deja de esforzarse. Cualquiera en su lugar hubiera bajado los brazos (al menos un poquito). Ella en cambio decide empezar a aprender italiano, atender un taller de lectura o emprender un nuevo trabajo. Y en el cara a cara, saca su colmillo retorcido —que también lo tiene—, y te lleva a su terreno. Como le digo muchas veces, nunca da puntada sin hilo. E incluyo los silencios y muecas de Marimar, que muchas veces dicen mucho más que sus palabras. ¡Ella sabe de lo que hablo!

Todos aprendemos cada día de Marimar, no solo por la fortaleza con la que afronta la enfermedad y por su lucha, sino porque creo que Marimar ha ofrecido esa enfermedad a Dios y esto se externaliza en que se ha propuesto ser ejemplo para los demás, y eso implica esfuerzo y un afán de superación infinito. Te doy la enhorabuena Marimar, porque lo has logrado, estás haciendo que tu enfermedad sirva para curar a otros. También doy la enhorabuena a Loli y Toni, porque habéis hecho posible que Marimar cumpliera sus ilusiones y que todos hayamos y sigamos disfrutando de ella.


Mariano Torrente

¿Cómo, cuándo y dónde conociste a Mar?
Conocí a Mar hace varios años en el Hospital Gómez Ulla. Ella había tenido una operación importante y un buen amigo, Jesús Ángel Pindado, nos animó a hacerle una visita y conocerla. Jesús nos comentó que no nos arrepentiríamos del encuentro con ella. Y así fue, un encuentro que no defraudó, de un significado excepcional. Desde ese día somos amigos; una amistad que durará para siempre.

Una anécdota o un momento divertido junto a Mar
Con Mar cada instante puede convertirse en una anécdota. Su humor y su manera de vivir consiguen que el tiempo se pare y estar junto a ella es una verdadera gozada. Me vienen a la mente momentos sencillos, cotidianos, como cuando fuimos a verla con Fátima en verano: tomábamos Coca-Cola mientras su hermano cantaba Nino Bravo al otro lado de la piscina como si estuviera en una audición de Operación Triunfo. Fue un momento muy gracioso y nos reíamos sin parar. También recuerdo a Mar disfrutando en nuestra boda en Bilbao, bebiendo txacolí y disfrutando cada minuto. No hubo invitado que no la conociera y que luego no viniera maravillado a contarme lo GRANDE que le había parecido. Aunque si tuviera que rescatar un momento, hablaría de la historia que nos contó Mar cuando la conocimos en el hospital. En ese momento sufrió mucho y pasó varios días en la UCI. Por lo visto, ahí entabló amistad —¡cómo no!—, con una enfermera. Creo recordar que nos contaba que esta, no era creyente. Al abandonar la unidad de cuidados intensivos, entre lágrimas, la enfermera se despidió de Mar diciéndole: «Gracias por iluminar la UCI». Nunca me olvido de estas palabras y a menudo pienso en qué extraordinaria presencia tiene que poseer Mar para ser capaz de revolver corazones de esa manera. «¡Iluminar la UCI!», ¡será posible!

¿De qué manera Mar ha influido en tu vida?
Mar es en primer lugar una gran amiga. Aunque no nos veamos todas las semanas, he hablado de ella a muchísima gente y siempre la tengo muy presente. Haberla conocido es un enorme regalo que he recibido. ¿Por qué? Porque la manera que tiene de vivir y la certeza que tiene sobre algo más grande es tal que consigue transmitirla tan solo con su testimonio. Para los que no estamos a su nivel, es muy difícil imaginar que se puede ser feliz viviendo con las dificultades físicas que su situación representa. Pero, cuando uno la ve sonreír, cuando uno escucha su manera de hablar, cuando uno se encuentra con la ALEGRÍA que desprende, se da cuenta de que está siendo testigo de algo que va más allá de los límites que tenemos. La vida de Mar es un milagro y yo tengo la suerte de haberlo visto y disfrutarlo.


Mercedes Barrio

¿Cómo, cuándo y dónde conociste a Marimar?
Conocí a María del Mar a los pies de la gruta de Lourdes en una peregrinación con la Hospitalidad de Madrid, creo que era el mes de mayo del año 2013. Me acerqué a saludarla porque previamente había visto su documental de Mar afuera y me había impresionado mucho. Al verla allí, no quise perder la oportunidad de conocerla en persona. En aquel momento solo fue un saludo, pero año tras año, en cada peregrinación de mayo a la que yo también asistía desde hacía algunos años, aprovechaba a saludarla. Creo que tenía la necesidad de acercarme, no sé por qué, pero sentía que cada vez que hablábamos María del Mar me enriquecía, con su naturalidad, con su interés por los demás, con su aceptación de la situación de enfermedad que le acompaña desde niña. Descubrí en esos cortos encuentros una especie de «tesoro escondido» del que habla la Escritura, lleno de riqueza oculta tras un cuerpo vulnerable, afectado por la enfermedad. Así que siempre he tenido la convicción de que a María del Mar me la presentó la Virgen de Lourdes, para que fuésemos amigas.

Una anécdota junto a Mar
Podría contar varias, pero me viene a la mente un día que acompañé a María del Mar a Misa, en su barrio. Hacía mucho calor, así que fuimos un tramo del trayecto en furgoneta y el otro caminando. Nos colocamos en la parte de atrás de la Iglesia, y yo seguí todas las indicaciones de Mar para colocar el enchufe del respirador, el sitio adecuado, etc. En un momento dado, yo me empecé a encontrar mal, muy mareada. Jamás me he mareado ni perdido el conocimiento, y justamente me tenía que pasar en ese momento, con Mar, a la que supuestamente yo acompañaba y ayudaba. Me agobié al pensar en el cuadro que íbamos a montar, del todo surrealista: yo, que estoy acompañando a Mar, que no se puede mover, me desmayo. Mar no puede hacer nada por mí, ¿y quién la lleva de vuelta a casa si yo no puedo? Toda una película agobiante se me pasó por la cabeza, por lo que decidí decirle a Mar que me iba a salir afuera un momento, porque me encontraba mal. Al punto me dijo con rotundidad «coge mi botella y bebe agua». Hice lo que me dijo, y, poco a poco, se me fue pasando todo el malestar. Terminó la Misa, salimos y regresamos a casa sin más incidentes. Después pensaba lo curioso de la situación, que al final la que se creía que estaba acompañando y ayudando ha sido la ayudada por «la que no se podía mover». Me ayudó mucho esta vivencia, aparentemente simple, para caer en la cuenta de las muchas cosas que recibimos de otros a los que creemos que les hacemos un favor nosotros.

Otra vez, acompañé a Mar a una parroquia por donde yo vivo y fuimos a Misa. Al finalizar, quiso esperar para saludar a uno de los sacerdotes. Cuando le saludó, le preguntó por una persona con un nombre de pseudónimo que ellos conocían. Se la entendía algo mal porque, por aquel entonces, le habían cambiado el tubo de la traqueostomía y tenía muy irritada la zona de las cuerdas vocales, pero después de un rato el sacerdote cayó en la cuenta de que le estaba preguntando por una persona por la que le pidió rezar hacía mucho tiempo atrás. El sacerdote se quedó impactado de la memoria de Mar, de que se acordara de ese encargo. Le dije que a María del Mar se le olvidan pocas cosas; sus «encomiendas» se las toma muy en serio, es como su apostolado, su trabajo, que lo cumple de la mejor manera. Siempre me ha llamado la atención de lo mucho que se fija en la necesidad de los demás, en su olvido de sí.

Un momeno divertido
Un día fuimos al cine; María del Mar, su asistente en aquel momento y yo. Creo que la película que vimos fue Wonder, de Julia Robers. Estábamos en primera fila, porque en esa sala no había posibilidad de subir algo más arriba con la silla de ruedas. María del Mar estaba delante de nosotras dos. Le pasábamos palomitas, patatas… Pues bien, cuando pasaba algo gracioso en la película se escuchaba en el cine el habitual murmullo de gracia generado por el momento, pero en este caso, después de la risa general se escuchaba una risa aguda, cortita y especialmente contagiosa, proveniente de la primera fila; la de María del Mar. Esto pasaba porque al tener el respirador, el ruido de la risa de Mar se hacía audible cuando le llegaba el aire del respirador, y siempre era unos segundos más tarde que el resto, lo cual hacía la situación más graciosa todavía. Después del cine nos estuvimos riendo bastante, diciéndole que se reía a destiempo. Esto nos generaba más risa.

¿De qué manera Mar ha influido en tu vida?
Debo decir que considero que María del Mar es una persona «tetrapléjica hiperactiva». No he conocido a nadie que celebre la vida como ella, el entusiasmo por vivir con intensidad cada momento de la vida, cada situación, y el realismo y serenidad también ante el misterio de la muerte. Me ha enseñado a ver más allá de los límites físicos. Con su ejemplo he aprendido lo importante que es reírse de uno mismo, tenerse paciencia, cuidarse, pero no más de la cuenta, y vivir a pleno pulmón por el bien de los demás. María del Mar me ha enseñado a creer más en Dios, a mirar la vida de frente, sin miedos. Me ha dado una gran lección de valentía ante las dificultades. Soy consciente de que para María del Mar no todo es color de rosa, no todo es fortaleza, ni tiene una gracia especial para estar feliz cada día de su vida, pues ha tenido que sufrir mucho. Es muy consciente de la realidad y más de una vez se ha sentido defraudada. Tiene dificultades como todos, momentos malos como todos, siente la debilidad, el cansancio, la frustración, como todos. Pero también he visto en ella una mujer que trata de superarse todos los días, que trata de aprender algo nuevo todos los días, que disculpa con caridad, que trata de encontrar soluciones y evitar problemas; es un ejemplo de fortaleza, y de salir de uno mismo. Con ella he comprendido que los límites se los pone cada uno, y no es excusa para nada una discapacidad física como la que tiene ella. Cuando tengo una dificultad, o un bajón, más de una vez he pensado en María del Mar y me he dicho: «si ella puede tirar para adelante, tú no tienes derecho a rendirte».

En definitiva, me considero afortunada por contar con ella. Posiblemente en nuestra amistad la más beneficiada sea yo. He encontrado un tesoro en la amistad con María del Mar, que espero no perder. Y se lo debo a la Virgen de Lourdes, nuestra «Amiga» común.


Fernando Torrente

¿Cómo, cuándo y dónde conociste a Marimar?
Conocí a Mar en el año 2008, en el Congreso de Madrid de Lo Que de Verdad Importa que se celebró el 25 de noviembre. Mar ha asistido a los Congresos de la Fundación LQDVI celebrados en Madrid desde el primer año, en el 2007, y no se ha perdido, creo, ninguno. Participó además como ponente en el Congreso de Madrid del año 2011. En ese Congreso del 2008 tuve la suerte de poder conocer a Mar y a su familia; me impresionó su actitud, su alegría y su fortaleza.

Una anécdota junto a Mar
Son muchas las situaciones y los momentos que tienen de protagonista a Mar. Recuerdo con especial cariño la visita y el rato que estuve con ella en el Hospital Gómez Ulla el 24 de octubre del año 2013. Mar estaba muy enferma y me acerqué a visitarla después de hablar con su padre, Toni. Al llegar a la zona de espera me encontré a mucha gente que, preocupada por su estado de salud, quería verla para darle su apoyo y su cariño. Me encantó ver tanta gente, tan buena, que había acudido para verla; Jaume Sanllorente, Genoveva Serrano Súñer, Pepe Álvarez de las Asturias… Mar siempre ha atraído a personas muy distintas, que la quieren, la admiran y que disfrutan estando con ella, porque Mar, junto a su familia, son una lección o una enseñanza de vida. Entre las cosas que tenemos en común, hay una persona por quien tenemos especial debilidad y predilección; San Juan Pablo II, nuestro Papa. Como Mar estaba muy enferma, le llevé para que se quedase con ella, la oración que tiene al hoy santo por intercesor. Creo que le hizo mucha ilusión, aunque cuando pude pasar a verla, estaba sonriente y alegre como si nada fuera con ella, llena de tubos y de aparatos que controlaban sus constantes y unos médicos tras una ventana, que hablaban mientras nos miraban, mostrando tranquilidad. Me impresionó la serenidad y la confianza de Mar, a pesar de la gravedad de su enfermedad, pude charlar con ella un rato y me fui con la impresión de que quien había recibido la visita y salía reconfortado era yo, en vez de ella. Estas son las cosas de Mar, por eso es tan especial, por eso la queremos tanto.

Un momento divertido
Siempre recuerdo mis momentos con Mar como momentos alegres y divertidos, incluso en circunstancias graves como la anécdota de mi visita al Gómez Ulla, porque Mar siempre sorprende. Tiene mucho sentido del humor y una sonrisa permanente. Un ejemplo de esta alegría y de su determinación (nada ni nadie la para, como muy bien saben sus padres Loli y Toni y sus hermanos) es su participación como ponente en el Congreso de LQDVI de Madrid en el año 2011. Para ella era un día muy especial y tuvo la mala suerte de enfermar. A pesar de ello, y de las dificultades respiratorias que tenía, no canceló su compromiso y dio su testimonio, acompañado de Jaume Sanllorente, con una sonrisa. Otro momento divertido, que Mar probablemente no sepa, es que me hacía mucha gracia y me gustaba especialmente, que cuando me llamaba por teléfono, con esa forma de expresarse algo socarrona que tiene, se dirigía a mi de forma directa y en vez de llamarme por mi nombre, me decía «abogado» (que es lo que soy, por eso me gustaba).

¿De qué manera Mar ha influido en tu vida?
Ha influido muchísimo pues es un ejemplo y una lección de vida (no te lo creas Mar), tanto ella como su familia, especialmente sus padres Loli y Toni. Es una suerte enorme haber conocido a Mar, a sus padres y hermanos, y tener su amistad. Su alegría contagiosa, su fortaleza, su determinación y valentía, sus ganas de hacer, su clarividencia, su fe y su sentido de trascendencia, su interés por todo, su amor, dan mucha luz y enseñan que merece la pena vivir, que no hay nada que nos pueda parar y que hay que esforzarse al máximo y sacarle partido a cada momento, que no tenemos motivos para quejarnos y que debemos ser agradecidos, y que hay que aprovechar, cada instante de nuestra vida dando por los demás lo mejor de nosotros, siempre, con una sonrisa.


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